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ESPIRITUALIDAD Y COMUNICACIÓN



EyC desarrolla su ministerio a través del Centro de Recursos Espirituales y Culturales para una Educación Renovadora "Sergio Armando Zegarra Macedo", sito en Agrupamiento 28 de Agosto (200 Casas) F-102. Tacna - Perú. Cel. Bitel 925599811. Tlf. 052607385. Atención de lunes a viernes, de 8.00 a.m. a 5.00 p.m.

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LA SABIDURIA EN EL OTOÑO- Comparte Lizy Z

  Fija la vista en la cruz por veinte segundos... y luego....

LA SABIDURIA EN EL OTOÑO  

No es viejo aquel que pierde su cabello o su última muela,
sino su última esperanza.
No es viejo, el que lleva en su corazón el amor siempre ardiente.
No es viejo el que mantiene su fe en sí mismo,
el que vive sanamente alegre,
convencido de que para el corazón puro no hay edad.
 El cuerpo envejece, pero no la actividad creadora del espíritu.
Para el profano la ancianidad es invierno;
para el sabio es la estación de la cosecha.
El crepúsculo de la vida trae consigo su propia lámpara.
Hay una primavera que no vuelve jamás y otra que es eterna;
la primera es la juventud del cuerpo,
 la segunda es la juventud del alma.
Cuando una noble vida ha preparado la vejez,
no es la decadencia lo que ésta recuerda:
son los primeros destellos de la inmortalidad.
con tanto coraje e ilusión como la primera.
Para ello tendrá que empezar por aceptar que el sol del atardecer
es tan importante como el del amanecer y el mediodía,
aunque su calor sea muy distinto.
El sol no se avergüenza de ponerse,
no siente nostalgia de su brillo matutino,
no piensa que las horas del día lo están echando del cielo.
No se experimenta menos luminoso ni hermoso
por comprobar que el ocaso se aproxima,
no cree que su resolana sobre los edificios
sea menos importante o necesaria.
Cada hora tiene su gozo.
El sol lo sabe y cumple hora a hora su tarea.
¡Ah... si todos los ancianos entendieran que su sonrisa
sobre los hombres puede ser tan hermosa y fecunda
como ese último rayo de sol antes de ponerse!
no es la decadencia lo que ésta recuerda:
son los primeros destellos de la inmortalidad.
con tanto coraje e ilusión como la primera.
Para ello tendrá que empezar por aceptar que el sol del atardecer
es tan importante como el del amanecer y el mediodía,
aunque su calor sea muy distinto.
El sol no se avergüenza de ponerse,
no siente nostalgia de su brillo matutino,
no piensa que las horas del día lo están echando del cielo.
No se experimenta menos luminoso ni hermoso
por comprobar que el ocaso se aproxima,
no cree que su resolana sobre los edificios
sea menos importante o necesaria.
Cada hora tiene su gozo.
El sol lo sabe y cumple hora a hora su tarea.
¡Ah... si todos los ancianos entendieran que su sonrisa
sobre los hombres puede ser tan hermosa y fecunda
como ese último rayo de sol antes de ponerse!

Desconozco su autor

No importa tu edad “cronólogica”

permanece joven de espiritu y la vida te seguirá sonriendo

Muchas veces dejamos ir pequeñas cosas sin saber lo grande que son

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