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ESPIRITUALIDAD Y COMUNICACIÓN



EyC desarrolla su ministerio a través del Centro de Recursos Espirituales y Culturales para una Educación Renovadora "Sergio Armando Zegarra Macedo", sito en Agrupamiento 28 de Agosto (200 Casas) F-102. Tacna - Perú. Cel. Bitel 925599811. Tlf. 052607385. Atención de lunes a viernes, de 8.00 a.m. a 5.00 p.m.

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APARTADO PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

APARTADO PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA (semana 15)

Las aguas que salen del templo

Lunes --- Leer con oración: Gn 2:10-12; Jn 3:3-5; 6:63; 1 Co 3:10-12; 2 Co 3:18; 1 P 1:2, 6-7, 19; Ap 21:19-21

“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 P 1:6-7)  

ORO, BEDELIO Y ÓNICE

Como ya vimos en los mensajes anteriores, del huerto de Edén salía un río que se repartía en cuatro brazos. El curso principal de este río se llama Pisón, que “rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice” (Gn 2:11-12). El fluir de este río representa la obra del Espíritu Todo-inclusivo.

El oro representa la naturaleza divina que recibimos al creer en el Señor Jesús. Pese a ello, aún tenemos muchas impurezas en nuestra alma. Por esa razón, cada vez que somos iluminados por actuar en nuestro ser natural, sentimos un fuerte pesar que produce en nosotros arrepentimiento. Este sufrimiento interior forma parte de un proceso necesario para purificar nuestra alma y es parecido al proceso por el cual el oro necesita pasar al ser refinado por el fuego.

En su primera epístola, el apóstol Pedro hace esa comparación diciendo: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1:6-7). Las diversas pruebas son oportunidades para lanzar al fuego del Espíritu las impurezas de nuestra alma.

Además del oro bueno de la tierra de Havila, por donde pasa el río Pisón, también hay bedelio, que es una especie de perla vegetal que es el resultado de la savia abundante que rompe la corteza de ciertos árboles. El bedelio representa la obra del Hijo, que en Génesis 2:12, aparece antes de la caída del hombre. La plata está presente en la edificación del tabernáculo en el Antiguo Testamento y representa la redención de Cristo (Ex 26:19-25; 30:12-16). En el Nuevo Testamento Pablo también habla de la plata en la edificación de la iglesia (1 Co 3:10-12). Finalmente, por el fluir de ese río, en la nueva Jerusalén, la obra del Hijo es representada por la perla (Ap 21:21).

La perla es formada cuando, por ejemplo, un grano de arena entra en la ostra. Al entrar en ella, el grano de arena la incomoda, así como cuando nos entra polvo en los ojos. Espontáneamente la ostra produce una secreción, la cual es su parte más rica, para envolver el grano de arena para que le cause menos sufrimientos. Este proceso, lento y doloroso, termina transformando al grano de arena en una bella perla.

Esto es semejante a la labor del Señor, cuando estaba muriendo en la cruz por cada uno de nosotros, para redimirnos y producir la iglesia. En la nueva Jerusalén las doce puertas son doce perlas, y cada una de esas puertas, de una sola perla (Ap 21:21). Estas puertas, que son las entradas a la ciudad santa, surgieron por medio del sufrimiento de Cristo, que nos amó sin medida y se dio por nosotros.

En la tierra de Havila, que rodea el río Pisón, también se encuentra una piedra preciosa, la piedra de ónice, que es de color rojo. Podemos ver las piedras preciosas también al final del Nuevo Testamento, en la nueva Jerusalén, cuyo fulgor será semejante a una piedra preciosísima, como la piedra de jaspe diáfana como el cristal.

Sabemos que los cimientos del muro de la nueva Jerusalén están adornados con todo tipo de piedras preciosas (Ap 21:11, 19-20). Cada piedra tiene un color que representa una característica de la obra de Dios en nosotros. El color rojo se refiere a la redención. El color verde a la vida, y la variación de su tonalidad representa los diversos niveles de madurez espiritual. Por ejemplo, en la vida vegetal, cuando una planta empieza a brotar, ésta es de color verde claro; conforme la vida va creciendo este verde se va oscureciendo, se vuelve de un color más intenso. Entre las doce piedras preciosas hay algunas con tres tonalidades diferentes de color verde; el más intenso es la piedra de jaspe, que representa la madurez de la vida.

¡Gracias al Señor! Pues por medio de la obra del Espíritu somos llevados a obedecer y recibir la aspersión de la sangre de Jesús, a creer en Él para nuestra regeneración, y a ser transformados para el crecimiento y la madurez en la vida divina (Jn 3:3-5; 6:63; 2 Co 3:18, 1 P 1:2).

Punto Clave: Amados, purificados y transformados.

Pregunta: ¿Cuál es el significado de cada material encontrado en el río Pisón?

 

APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Semana 15 --- Las aguas que salen del templo

Martes --- Leer con oración: 1 R 8:6; Ez 47:1-5

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu (Gá 5:25). Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro 8:14)

EL GUIAR DEL ESPÍRITU

En Génesis leemos que el río Pisón fluía del huerto de Edén y, en el libro de Ezequiel, vemos que las aguas salían de debajo del umbral del templo: “Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar” (47:1).

El templo era el lugar donde los sacerdotes ponían el arca del pacto del Señor, “en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines” (1 R 8:6). Las aguas que salían del umbral del templo representan las aguas del río de la vida, que salían del huerto de Edén.

Al principio, conforme lo que describe Ezequiel, las aguas que fluían eran pocas y le llegaban a los tobillos, pero, a medida que avanzaba, crecían y alcanzaban gradualmente las rodillas, después los lomos, hasta no poder cruzar más (Ez 47:3). Al cruzar un río, con el agua a la altura de los pies, es difícil movernos; pero mientras más aumenta el nivel del agua, menos libertad tenemos. Esto representa la restricción que causa el Espíritu a nuestro ser natural, que no tiene ya tanta facilidad de actuar como antes.

Las aguas del Espíritu nos constriñen a no vivir por nosotros mismos. Mientras más nuestra vida del alma es negada, más la vida divina crece y, en consecuencia, más dificultades tenemos para movernos sin depender del Espíritu que mora en nuestro interior.

¡Gracias al Señor, porque el fluir del Espíritu aumenta sin cesar! La vida divina continúa creciendo, aumenta poco a poco, hasta que lleguemos a ser totalmente guiados por el Espíritu de Dios mismo (Ro 8:14). Cuando esto suceda, ya no necesitaremos hacer más ninguna fuerza, porque las aguas nos controlarán por completo y seremos llevados por su fluir, es decir, por el fluir del Espíritu (v. 5).

No sé en qué nivel se encuentra el agua en usted. El deseo de Dios es que la vida divina crezca cada día en nosotros, para que el Espíritu nos guíe y nos conduzca. ¡Aleluya!

Punto Clave: Dejar que la vida divina crezca.

Pregunta: ¿En qué nivel de agua se encuentra?

 

APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Semana 15 --- Las aguas que salen del templo

Miércoles --- Leer con oración: Gn 49:10-12, 22; Jer 17:8; Ez 47:6-12; Jn 5:24

“Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina” (Ez 47:12)

ESTAR JUNTO A LAS AGUAS

Alabamos al Señor, pues el fluir de las aguas del río de la vida es para nuestro beneficio. Como ya vimos, las aguas comenzaron a fluir debajo del umbral del templo y después se volvieron en un río que no se podía pasar (Ez 47:5).

También había muchos árboles, de los dos lados del río, cuyas aguas salían a la región del oriente, y descendían al Arabá, y entraban en el mar (v. 8). Las aguas de este mar son saladas, y representan las aguas de juicio. Sin embargo, cuando son tomadas por las aguas del río que está fluyendo, reciben sanidad: “por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río” (v. 9b).

¡Aleluya! Por el fluir del río de la vida al agua salada se volvió dulce y saludable. ¡Fuimos salvos de las aguas del juicio de Dios! Ya no habrá juicio, pues, al oír Su palabra y al creer en el Señor Jesús, recibimos Su vida y no necesitamos pasar más por Su juicio, pues pasamos de muerte a vida (Jn 5:24).

Las aguas saladas del mar, además de volverse dulces, también se volvieron saludables, beneficiando a la vegetación que existía junto al río. Como resultado, los árboles que estaban allí plantados producían muchos frutos (Ez 47:12). Si usted está junto al río, recibiendo el suministro de esta agua, su “hoja” nunca se secará y no dejará de dar frutos (Jer 17:8).

En el libro de Génesis, José recibió de su padre una bendición especial, que también está relacionada con el agua: “Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro” (49:22). Estar junto a la fuente resultó en la abundancia de la vida en el huerto de José. Sus frutos fueron tan ricos que sus vástagos se extendieron sobre los muros a fin de suplir a otros con la riqueza de la vida que recibieron.

Todos queremos ser una rama fructífera pero, para que esto suceda, necesitamos estar junto a la fuente. Esperamos que todos tengan un vivir en el Espíritu para que disfruten del frescor de la vida divina y crezcan día a día. Si así buscamos al Señor, seremos fructíferos en nuestro barrio y la vida que hay en nuestro interior se extenderá y pasará los muros de las casas, de los barrios y de las ciudades, para alcanzar toda la tierra. ¡Aleluya!

Punto Clave: Vivir en el Espíritu para disfrutar del frescor de la vida divina.

Pregunta: ¿Qué debemos hacer para ser fructíferos a la luz de Génesis 49:22?

 

APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Semana 15 --- Las aguas que salen del templo

Jueves --- Leer con oración: Mt 13:3-4, 19, 31-32; Jn 15:1-5, 16

“Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro” (Gn 49:22)

CRECER, FRUCTIFICAR Y LLENAR TODA LA TIERRA

José fue una rama fructífera; sus vástagos se extendieron sobre el muro, llevando vida a otros lugares, pues el límite de su huerto ya no podía contener la abundancia de la vida que poseía. Del mismo modo, el Señor nos comisionó para que seamos una rama fructífera en la ciudad en la que vivimos. Necesitamos buscar el suministro abundante de la vida para alcanzar no sólo a nuestros vecinos, sino también a las ciudades que están a nuestro alrededor.

Normalmente disfrutamos de la vida de la iglesia en la ciudad donde vivimos y con esto ya estamos satisfechos. Sin embargo, para Dios no basta que estemos en la iglesia y seamos hermanos crecidos en vida. Tampoco podemos enorgullecernos de esto, porque las ramas fructíferas necesitan alcanzar y llenar todas las ciudades.

Actualmente hay muchos hermanos que se han dispuesto para salir a la obra de expansión del evangelio de la vida, pero la gran mayoría se preocupa sólo de cuidar bien a los hermanos que ya se reúnen en su ciudad. Basados en esto, corremos el riesgo de que la iglesia en nuestra ciudad se convierta en un árbol muy vistoso, lleno de hojas, semejante al que vemos en el capítulo 13 del Evangelio de Mateo: “Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas” (vs. 31-32).

La mostaza es una hierba, una hortaliza, por lo tanto no puede convertirse en un árbol. Es anormal que una hierba se convierta en un árbol; eso no proviene de Dios. Ella no da frutos, sólo hojas. Además, que las aves vengan y aniden en ella no es positivo, como lo vemos en la explicación del Señor Jesús sobre la parábola del sembrador. Las aves que se comieron las semillas, son los ángeles caídos, que representan al maligno (vs. 4, 19).

El Señor no quiere que seamos como un “árbol agradable a los ojos”, como lo era el árbol de la ciencia del bien y del mal, que no produce frutos para dar vida. Por eso no podemos sentirnos satisfechos por el hecho de que nuestro vivir en la iglesia se resuma a participar de las reuniones, porque el deseo del Señor es mucho más que eso. Necesitamos buscar el crecimiento de vida por medio del Espíritu Todo-inclusivo y producir frutos para que nuestro Dios sea glorificado (Jn 15:1, 5, 16).

Punto Clave: Crecer, fructificar y llenar toda la tierra.

Pregunta: ¿Por qué es anormal que la mostaza, una hierba, se convierta en un árbol?

 

APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Semana 15 --- Las aguas que salen del templo

Viernes --- Leer con oración: Ex 15:27; Sal 137:1-2; Mt 24:7-8, 14

“Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Is 32:2)

UNA MANERA PRÁCTICA DE ALCANZAR A LAS PERSONAS

Hasta ahora no vimos ninguna ciudad que produjera frutos en toda su extensión, es decir, no todos sus habitantes fueron alcanzados con el evangelio de la vida.

Incluso en las grandes ciudades donde hay muchos locales de reunión, aún no es posible alcanzar a todas las personas con la predicación del evangelio. Pero, ¡gracias al Señor! Muchos hermanos continúan esforzándose y trabajando para llevar las buenas nuevas de la salvación a las personas, contactándolas en sus ciudades y sus alrededores.

No podemos mantener cerradas las puertas de los locales de reunión; necesitamos abrirlos, exponer los libros allí y llamar a las personas. El objetivo es cuidar a las personas y ofrecerles el suministro espiritual por medio de la palabra escrita. Ya vimos que abrir las puertas del local de reunión a las personas sólo como una librería no las motiva a entrar. Por eso, para que se sientan bien recibidas en este espacio, les ofrecemos la oportunidad de orar por ellas. Después, podemos ofrecerles un café y mientras se lo toman, les presentamos algún libro conforme a su necesidad espiritual.

A este lugar le damos el nombre de Bookafé. No es una marca comercial más, sino una carga espiritual llena de significado: la palabra book significa libro (en inglés); la preposición a significa que lleva, que conduce; y la palabra fe es el contenido de la economía neotestamentaria de Dios, el plan eterno del Dios Triuno siendo dispensado y trabajado en nosotros. El objetivo del Bookafé es llevar la vida divina a todas las personas por medio de los libros, de la oración y la comunión con los hermanos.

Además, cualquiera de nosotros puede ofrecer su casa como un lugar de oración, donde las personas entran y por medio de la oración y de los libros, son ayudadas a ser salvas y a recibir un suministro abundante de vida. Después, podemos ofrecerles un café y ampliar nuestra relación con ellas. Así, muchas personas serán ayudadas, se llenarán de vida, invocarán el nombre del Señor, además de leer, orar y disfrutar de la comunión con los hermanos.

Los hermanos que viven normalmente la vida de la iglesia tal vez no tengan tiempo durante todo el día para practicar esto. Por estar ocupados con sus empleos, con sus trabajos, no tienen mucho tiempo libre. Entonces necesitamos de los colportores para actuar en estos lugares o casas de oración. Los colportores son producidos y perfeccionados en el CEPPEV. ¡Aleluya! Por medio de los colportores las personas son alcanzadas por el evangelio del reino y son llevadas a la fe, al contenido de la economía neotestamentaria de Dios.

Todos los cristianos se contentan con la proximidad de la venida del Señor, porque Él nos recibirá en Su reino. Nuestra esperanza en la vida de la iglesia no es sólo esperarlo, sino apresurar la venida del Señor. Él aún no ha vuelto porque no hemos predicado el evangelio del reino en todo el mundo (Mt 24:14).

Recientemente hemos presenciado los terremotos ocurridos en Chile, Filipinas y en China. También hemos visto el aumento del hambre en muchos lugares de la tierra. No obstante, esto es sólo el principio de dolores (v. 8). Él volverá cuando el evangelio del reino sea predicado en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones (v. 14).

Nuestra reacción no debe ser la de “colgar nuestras arpas en los sauces y sólo esperar Su regreso” (Sal 137:1-2). Necesitamos levantarnos para, comenzar por nuestra propia casa, para llevar el evangelio de la vida a todas las naciones, para dispensarles el contenido de la economía neotestamentaria de Dios.

Punto Clave: Apresurar la venida del Señor.

Pregunta: ¿Cuál es el objetivo de establecer lugares de oración?

 

APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Semana 15 --- Las aguas que salen del templo

Sábado --- Leer con oración: Hch 15:30-35; 16:5-10

“Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día” (Hch 16:5)

HABLAR Y ACTUAR CONFORME AL ESPÍRITU

Antiguamente teníamos el concepto de que necesitábamos de un gran local de reuniones para concentrar a las personas y que nos bastaba con sólo participar de algunas reuniones de la iglesia. Sin embargo, hoy el Señor nos está llevando hacia otra dirección. Puesto que no lográbamos llamar a todas las personas, de todos los rincones de la tierra, para que vengan hasta nosotros y oigan el evangelio del reino; nuestra carga hoy, es ir hasta ellas. Donde las personas se concentran, debemos tener un lugar de oración, tal como sucedió con Pablo y Silas en el segundo viaje ministerial que hicieron.

Silas era uno de los líderes de la iglesia en Jerusalén y quiso seguir a Pablo en aquel viaje. Después de la reunión relatada en Hechos 15, cuando la iglesia en Jerusalén lo envió junto con Judas para notificar a los gentiles sobre la decisión tomada, Silas no regresó (vs. 30-35).

Creemos que, por un lado, él se dio cuenta que la iglesia en Jerusalén había caído en una atmosfera religiosa, y que ya no andaba conforme a la voluntad de Dios. Por otro, percibió que Pablo hablaba y actuaba conforme al Espíritu y por eso, lo habría seguido.

Los dos estaban en el Espíritu. Ellos visitaron nuevamente a las iglesias de Galacia, llevándolas a invocar el nombre del Señor, a leer y orar la Palabra, a vivir en el Espíritu (Hch 16:5). Después les fue impedido por el Espíritu Santo predicar la palabra en Asia. Al intentar ir a Bitinia, el Espíritu de Jesús no se los permitió, y ellos no fueron (vs. 6-7). Siguiendo al Espíritu, llegaron a Troas (v. 8). Aquella noche, Pablo tuvo una visión en la cual un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (v. 9). Mañana veremos la rica experiencia que Pablo y Silas tuvieron al partir inmediatamente hacia aquel destino, concluyendo que Dios los había llamado para anunciar el evangelio del reino de Dios. ¡Aleluya!.

Punto Clave: Ir hasta las personas.

Pregunta: ¿Por qué después de la reunión que hubo en Hechos 15, Silas no volvió a Jerusalén?

 

APARTADO ESPECIALMENTE PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Semana 15 --- Las aguas que salen del templo

Domingo --- Leer con oración: Hch 16: 9-10, 12-15, 25-34

“Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio” (Hch 16:10)

PERSONAS DE ORACIÓN Y LUGARES DE ORACIÓN

Según lo que vimos ayer, Pablo recibió una visión en la cual un varón macedonio estaba en pié y le rogaba, diciendo: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (Hch 16:9). Él y Silas atravesaron el mar y llegaron a Europa, a la ciudad de Filipos, pero no sabían a dónde dirigirse (v. 12).

Ciertamente al llegar a una nueva ciudad, el deseo de ellos era buscar a los hermanos, a la iglesia. Sin embargo, Filipos era una tierra de gentiles; allí no había iglesias. ¿Qué debemos hacer entonces?

Pablo y Silas eran personas de oración. Al llegar a Filipos, no buscaron una sinagoga ni un templo, sino un lugar donde pudieran orar. El día sábado salieron de la ciudad para orar junto al río, donde les pareció que había un lugar de oración (v. 13 VR). Se sentaron y les hablaron a las mujeres que estaban allí. Entre ellas se encontraba Lidia, de la ciudad de Tiatira, que vendía purpura (v. 14). Ella temía a Dios y el Señor abrió su corazón para que estuviese atenta a todo lo que Pablo decía. Después fue bautizada con su familia y obligó a Pablo y a Silas a quedarse en su casa.

Cierto día, cuando iban al lugar de oración, Pablo tuvo que expulsar a un espíritu adivinador de una joven poseída. Al ver sus amos que la esperanza del lucro había sido deshecha, apresaron a Pablo y a Silas (vs. 16-23).

En la prisión, después de haber recibido muchos azotes, fueron puestos en el calabozo de más adentro y les pusieron los pies en el cepo. Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los oían (vs. 23-25). Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.

El carcelero despertó del sueño y al ver abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada, se iba a suicidar, porque pensaba que los presos habían huido. Pero Pablo le dijo que no se hiciera ningún mal, pues todos estaban allí. Normalmente, cuando las puertas de una prisión se abren, todos huyen. Es muy probable que aquellos prisioneros, por oír las oraciones y alabanzas de Pablo y Silas, fueran salvos. ¡Esta es la obra de Dios!

Entonces el carcelero, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas y les dijo qué debía hacer para ser salvo. Ellos respondieron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (v. 31). Y predicaron la palabra de Dios a él y a todos los de su casa y luego fueron bautizados. Después de eso, el carcelero, junto con su familia, llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios (v. 34). Así empezó una reunión en la casa del carcelero.

La iglesia en Filipos fue levantada con oración. No fue en una gran sinagoga o en un gran templo que empezó, sino en un lugar de oración, reuniendo a aquellos que creyeron en el Señor. Ellos se reunían junto al río y en las casa de Lidia y del carcelero, después que ellos y sus familias creyeron.

Hoy todos nosotros necesitamos de estos lugares de oración. En ellos podemos preparar el ambiente para orar por las personas, servirles un café, además de presentarles los libros para que sean edificadas espiritualmente. Esto nos dará una gran oportunidad para predicar el evangelio de la vida a todas las personas. Creemos que de este modo, estamos practicando hoy lo que Pablo y Silas practicaron en Filipos. ¡Gracias al Señor!

Punto Clave: Abrir nuestras casas para tener comunión con las personas.

Pregunta: ¿Cómo podemos practicar lo que Pablo y Silas hicieron en Filipos?

Dong Yu Lan

Derechos rweservados Editora “Arvore da Vida”

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