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EL PODER DE LA MASA ANÓNIMA - David Cuen

El poder de la masa anónima

Guy Fawlkes Mask

Cuando Adria Richards tomó una foto con su teléfono celular a un grupo de programadores en una convención tecnológica, no imaginaba lo que iba a desatar.

En la fila de atrás de donde ella estaba sentada, un grupo de asistentes aparentemente bromeó con palabras técnicas usadas en una forma sexual.

A Richards le pareció que lo dicho creaba una atmósfera hostil contra las mujeres programadoras. Así que tomó la foto de los bromistas y tuiteó que no era "cool" hacer ese tipo de chistes sexuales detrás de ella.

Y entonces se desató una historia de despidos, amenazas, anonimato, trolls y libertad de expresión que sacudió a las redes sociales.

Para resumir la historia -que pueden leer completa en inglés aquí o aquí- el programador que hizo el chiste -y cuyo nombre no conocemos- fue expulsado de la convención y después despedido de su trabajo.

En un comentario en un sitio web se disculpó por una de las bromas y aclaró que otro de los chistes era un malentendido. Dijo también que Richards había abusado de su posición (miles de seguidores, un blog popular) y que sin advertirle le había tomado la foto mientras sonreía. Señaló también que su despido era algo terrible porque tenía tres hijos y realmente disfrutaba su empleo.


Adria Richards’ Twitter profile

Perfil en Twitter de Adria Richards

Por su parte, en un escrito en su blog, Adria Richards dijo que no era su intención que la empresa lo hubiera despedido, pero que era importante que las mujeres en la industria tecnológica se sintieran valoradas sólo por su conocimiento.

Tras esto, Richards comenzó a recibir una gran cantidad de mensajes ofensivos bastante fuertes e incluso amenazas de muerte culpándola del despido del supuesto bromista. El grupo Anonymous incluso lanzó un ataque contra su empleador que sacó de servicio su página de internet.

Después de ello, también Adria Richards fue despedida por "dividir a la comunidad de programadores" que debía fomentar y cuidar", de acuerdo con su compañía.

La red, por su parte, está llena de mensajes apoyándola o criticándola a ella o al programador. Camisetas de apoyo a uno y otro y mensajes de alabanza u odio abundan por internet. El último tuit de Richards es del 23 de marzo; el incidente ocurrió el 17.

Más allá de lo increíble que esta historia puede resultar, en realidad cuenta con muchas aristas para el análisis: manejo de recursos humanos, uso de redes sociales, debate de genéro, pero sobre todo la del poder del anonimato en internet. Muchos de los comentarios en contra de Richards,y cuentas falsas creadas para hacer caer a uno u otro bando en trampas, sólo resaltan una característica de la red: el poder de la masa anónima.

El concepto de masa -un grupo grande de gente con un fin o una plataforma común- es antiguo, pero se adapta a los nuevos tiempos.

En 1960 Elías Canetti escribió un libro llamado "Masa y Poder" en el que analizaba los distintos tipos de masa. Una de ella es la "Masa Rápida" que se forma de manera veloz, con muchos integrantes que comparten una meta, no por ideales, sino por la crispación del momento. Una vez que logran su objetivo, se dispersan.

Internet está lleno de muchas de estas masas fugaces que reaccionan con rápidez, que son poderosas y que se arropan en el anonimato.

El anonimato, sin embargo, puede ser bueno o puede ser malo.

No es positivo cuando la masa cibernética usa su poder para lanzar amenazas de muerte o practicar cyberbulling. En este caso, escudarse en el poder de una masa anónima esconde un ataque y un deseo de no responder por las acciones que se realizan, por evadir la responsabilidad.

Es verdad que el anonimato en internet no es 100% efectivo. A menos que se sea un hacker muy audaz, todos vamos dejando huellas digitales que son fáciles de rastrear. El asunto es que cuando el anonimato se multiplica en una masa, es menos fácil de controlar.

Pero la masa anónima también tiene un impacto positivo, sobre todo porque al disfrazar identidades permite la libertad de expresión en aquellos países que reprimen al que piensa en forma diferente.

Son muchas las organizaciones, como la Electronic Frontier Foundation, que tienen entre sus misiones el asegurar el anonimato en internet para velar que las personas no se inhiban al expresar sus opiniones, lo que podría ocurrir si la gente usara su nombre real.

¿Pero cómo controlar que el anonimato sea algo positivo? ¿Cómo lograr diferenciar entre los mensajes abusivos y las diferencias de opinión?

Hasta ahora, la red se está moderando a sí misma.

Lo ocurrido entre el programador desconocido y Adria Richards es un claro ejemplo. Ambos representan una escala del espectro. Ambos fueron defendidos y denostados. La automoderación se ha traducido en una división de opiniones que deja tras de sí lo que el poder de la masa anónima crea.

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