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ESPIRITUALIDAD Y COMUNICACIÓN



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EL DÍA DE LAS PEQUEÑECES DE ZACARÍAS

Emilio Monjo Bellido

El día de las pequeñeces de Zacarías

El día de las <em> pequeñeces</em>  de Zacarías
  ¿Quién puede ser acusado de no ver grandeza en este día? ¿Dónde está el templo lleno de la gloria de Yahvé que anunciaron los profetas? 

El  día de las pequeñeces  es una de esas indicaciones de significación amplia y fundamental. Un lugar de reflexión permanente para el pueblo de Dios. Aparece en Zacarías (4:10) y relaciona a unos que primero menospreciaron, y luego “se alegrarán” de ese día. 

Es propio de estos discursos entender “día” no como un día de la semana particular, sino como una etapa, momento, o época específica. Se trata de un día sin datos sobresalientes, sería un día vacío, sin memoria, para el ojo humano, para una sociología sin referencia a la Providencia.

Como lo fue el día que el Mesías nació (aunque luego lo convirtieron en un árbol lleno de supersticiones), ambos son ese día de los inicios pequeños, de los brotes nuevos que harán nuevo árbol del tronco talado.

 Con Esdras, Nehemías, Ester, Hageo, Zacarías y Malaquías, nos colocamos en este día, que algunos menospreciaron; para otros, por la gracia del Dios del espacio, del tiempo, el Señor de la Historia, será de alegría . Un día de ahogo o expansión; un tiempo de juzgar por las apariencias o por la fe. Es un día que nos lleva hasta el presente. El discurso de Zacarías, o de Hageo, se relacionan con nosotros. De cómo veas ese día, así verás tu presente y el futuro de la Historia.

 Por eso les propongo unas notas para reflexionar sobre ese momento de la Historia general, y de su concreción en la particular del pueblo , de la Congregación, de Dios, del que una porción había regresado a su tierra tras los 70 años de cautividad en Babilonia. La percepción de esa vivencia, y los deberes que cada uno entendía debía cumplir, es un reflejo que podemos tomar como campo de experiencia de nuestro tiempo.

 El mismo Dios que sacó con mano poderosa y prodigios a su pueblo de la cautividad de Egipto, es el mismo que ahora lo trae de nuevo a su tierra tras la cautividad babilónica . El mismo pacto, las mismas promesas, los mismos Padres, pero, a los ojos humanos ¡qué diferencia! Sin embargo, Dios está en medio de ellos igualmente como antaño. No tenemos en ese tiempo de restauración (así es llamado a veces en las guías de historia de la Israel) a nadie como Moisés. ¿Dónde colocar a un nuevo David, o Salomón? Se trata de algo tan simple como volver a leer la Ley, con Moisés, sin embargo, ésta se entregó al pueblo en medio de grandes señales.

 Ahora todo parece menor; ¿cómo comparar el estruendo de Moisés con las propuestas de Esdras? Todo parece sin relieve, pero que cada uno se cuide menospreciar “las pequeñeces”. 

Además, con Moisés se saca a un pueblo de la esclavitud abyecta de Egipto; ahora, aunque procedan también de una situación de esclavitud, no es lo mismo. Podían recordar la grandeza del reino, el portentoso templo, la grandeza de las fiestas anuales. Antes parten a tomar una tierra rica, llena de viñas y labranza, ahora vuelven a un campo arruinado.

 ¿Quién puede ser acusado de no ver grandeza en este día? ¿Dónde está el templo lleno de la gloria de Yahvé que anunciaron los profetas? ¿Dónde, esa Jerusalén cuya luz iluminará al mundo entero? ¿Dónde las naciones viniendo a la casa del Señor? 

La comparación con las promesas de gloria futura es imposible, pero incluso no se puede comparar siquiera con la gloria del tiempo pasado.

 Pues la lección es que “este día de las pequeñeces” es también el Día del Señor, quien menosprecia uno lo hace con el otro; quien en uno se alegra, vive la alegría del otro. Esto es lo que les propongo como camino de reflexión para las próximas semanas . Estamos en las manos del mismo Señor, con el mismo camino de fe.

Autores: Emilio Monjo Bellido

©Protestante Digital 2012

 

Carlos Martínez García

Conocimiento de, y pasión por, la Biblia

 Conocimiento de, y pasión por, la Biblia
Andavert escribió que “Reina Valera es hoy el libro de cabecera para más de 100 millones de protestantes de habla hispana en España y América.   Conocerle personalmente ha sido un privilegio, una bendición. En pocos días llenos de actividades uno debía elegir, además de las reuniones plenarias, entre tantas posibilidades de asistir a talleres, seminarios, reuniones de trabajo, presentaciones de libros, exposiciones y charlas ocasionales con antiguos y nuevos amigos. Todo esto fue posible en el Quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización, auspiciado por la Fraternidad Teológica Latinoamericana, en San José, Costa Rica (9 al 13 de julio).

Una de las tardes  acudí a la presentación de la traducción de la Biblia llamada  La Palabra, el mensaje de Dios para m í, que tuvo a su cargo José Luis Andavert, director de la Sociedad Bíblica de España (SBE).  Tenía interés en escucharle porque sabía que la SBE, bajo su dirección, estaba realizando una excelente labor en hacer nuevas ediciones de Las Escrituras, así como una encomiable distribución de las mismas.

En su afán de posicionar la Biblia en España dentro del mundo cultural de aquella nación, José Luis Andavert, el organismo bíblico presidido por él, se dio a la tarea de publicar en el 2009  La Biblia del Siglo de Oro , en un intento de posicionar a la que llama traducción Reina Valera en español contemporáneo, en “la biblioteca de todo hogar como obra de referencia y consulta”. Tuve la oportunidad de compartirle a José Luis que el gran escritor mexicano Carlos Monsiváis, amigo querido y entrañable, sostuvo siempre la opinión que la belleza literaria de la Reina-Valera, la edición original con cambios de lenguaje en la revisión de 1909, era, en efecto, una obra de suprema belleza y literatura canónica con pleno derecho a formar parte del Siglo de Oro español. Esto lo dijo incontables veces, en un medio cultural en el que la Biblia es una obra poco frecuentada.

 Andavert escribió en la presentación de la Biblia antes citada que “ Reina Valera  es hoy el libro de cabecera para más de 100 millones de protestantes de habla hispana en España y América. Sin embargo, es interesante, y triste a la vez, constatar que un texto de la grandeza literaria de la Biblia  Reina-Valera  permanezca como una obra prácticamente desconocida para la mayoría de hispanohablantes no relacionados con la fe evangélica. Con la presente edición quisiéramos contribuir a enmendar este lapsus histórico, cultural y espiritual; y rendir homenaje a Reina y a Valera por lo que su obra significó para la literatura del siglo XVI, del que esta Biblia es un claro exponente. Pero por otro lado, nuestro deseo es que texto, traducción y revisión de dos monjes jerónimos persuadidos de la importancia de dar la Biblia al pueblo, llegue a las manos de todo lector de nuestra lengua y, con ello, cumpla también el sueño de Reina y de Valera, que es sueño de todo cristiano: ‘que la palabra del Señor corra y sea glorificada’ (2ª Tesalonicenses 3:1)”. 

Ya en la sesión en la que José Luis Andevert disertó acerca de criterios de traducción de la Biblia  La Palabra , pude comprobar cómo los asistentes, que hicieron insuficiente la sala asignada para el evento, seguían, seguíamos, atentos la muy amena exposición realizada por el director general de la SBE. En la ocasión nos recordó lo escrito por Samuel Escobar y él en la introducción escrita de  La Palabra : “La presente traducción es el fruto de años de dedicación y esfuerzo para ofrecer al público de habla española un texto que, en la más excelente tradición literaria de la lengua española, aúna belleza literaria en la redacción, rigor académico y fidelidad en la traducción, así como universalidad en la aceptación ya que en él han trabajado más de veinte biblistas y revisores de las diversas confesiones cristianas de España e Hispanoamérica”.

En él confluye el conocimiento que tiene de la Biblia y sus alrededores y la pasión que tiene por compartir ese conocimiento de forma didáctica y gozosa. El tiempo asignado para la presentación corrió muy rápido, debido a la amenidad con la que José Luis expuso al auditorio las razones para producir distintas presentaciones de  La Palabra  en dos versiones, una para España, con las peculiaridades que el castellano tiene allá, y otra para América Latina, con la singularidad lingüística propia de nuestro Continente.
  El director de la SBE tuvo a bien obsequiarme un ejemplar de  La Palabra , en la nueva edición Enciclopedia Ilustrada. Antes del texto bíblico incluye 240 páginas en papel couché y a color de información, cuadros, mapas e ilustraciones sobre cómo nos llegó la Biblia, la historia de los tiempos bíblicos, introducción al Antiguo Testamento, introducción al Nuevo Testamento, vivir en los tiempos de la Biblia, la religión en los tiempos bíblicos, hombres y mujeres de la Biblia, ¿qué hay en la Biblia?

Las casi 250 páginas que hemos mencionado contienen información precisa, concisa y maciza necesaria para quien desee tener en un mismo volumen, además de Las Escrituras, materiales que le ayuden a conocer el contexto social y cultural en que se desarrolló la historia de la salvación que nos narra la Biblia. Incluye datos sobre la formación, canon y transmisión del texto bíblico, así como nos informa de los principales traductores de la Biblia a distintos idiomas, entre ellos Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera.

Dijimos antes que José Luis Andevert aúna conocimiento de la Biblia con una desbordante pasión por darla a conocer y hacerla asequible a tantas personas como sea posible. Tanto cuando se dirige a un grupo, como al tiempo que conversa uno a uno (tuve la oportunidad de charlar en varias ocasiones con él durante los intensos días de CLADE 5),  el director de la SBE recurre frecuentemente a comentarios humorísticos, frases contundentes y mucha calidez. Él es un ejemplo vivo de que la erudición, cuando se combina con el gusto de transmitirla de manera llana y sencilla, no mediante palabras crípticas y saturadas de tecnicismos lucidores, es necesaria en el pueblo de Dios y que encuentra su autentica vocación al ponerla, esa erudición, para el servicio y el crecimiento en todo del cuerpo de Cristo que es la comunidad de creyentes. 

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