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ESPIRITUALIDAD Y COMUNICACIÓN



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¡VISIBLES! - Por Christian Franco, Buen fin de semana!

 

¡VISIBLES!

 Lloré hasta que no tuve más lágrimas; mi corazón está destrozado. Mi espíritu se derrama de angustia al ver la situación desesperada de mi pueblo. Los niños y los bebés desfallecen y mueren en las calles”.

(Libro de las Lamentaciones capítulo 2, verso 11)

 Estoy cautivado con la lectura del libro “Perdonen mi optimismo”, de Juan Carr en diálogo con Yanina Kinigsberg (Editorial Planeta). Allí el fundador de la Red Solidaria comparte su mirada particular sobre la realidad actual y lo que significa desarrollar la cultura de la solidaridad con miras a transformar el mundo. Mediante pensamientos, ideas, experiencias y una vasta trayectoria de trabajo a favor del prójimo, expone la necesidad de que todos asumamos el compromiso que nos corresponde, siempre con una mirada de comunidad.  

Me llamó muchísimo la atención su referencia a la “invisibilidad” del que sufre. Cito textualmente: “En este mundo, los que podemos tener salud, comida, educación y todo eso, armamos un curioso mecanismo que hace que no veamos. Los pobres están fuera del sistema. Circunstancialmente ves un cartonero, a un hombre que duerme en la calle, a un chico que pide una moneda. Pero habiendo una multitud de pobres, en la Argentina y en el mundo, no los vemos en la vida cotidiana. La realidad del que sufre suele estar oculta, es invisible en la vida cotidiana. No vemos al que espera un trasplante, no vemos a los desnutridos, casi no vemos a las personas con discapacidades en la rutina diaria”.   

“Hace que no veamos”. “No los vemos”. “Oculta”. “Invisible”. “No vemos, no vemos, no vemos”.

Es doloroso, pero absolutamente cierto. Quienes vivimos en grandes urbes solemos tener una mirada parcializada de lo que sucede alrededor de nuestra vida. ¡Hay tanto por hacer! El tiempo, del que todos nos quejamos por su aparente escasez, por momentos tiene un efecto cegador que obnubila nuestra percepción de lo que realmente ocurre. En más de una ocasión las preocupaciones propias del urbanita secuestran nuestras mejores intenciones evitando que lleguen a convertirse en acciones. Y, a veces, los prejuicios y conceptos equivocados sobre el prójimo esquilman las iniciativas más entusiastas por falta de convicciones duraderas que las sostengan.

Pero pienso que si quisiéramos un mundo más justo, tendríamos que empezar por tratar de rescatar de su “invisibilidad” a quienes no se ven. ¡Hacerlos visibles! Y el primer paso probablemente consista en comenzar a ver de manera diferente a quienes nos rodean…

...mirar a la masa y saber que está integrada por hombres y mujeres con historias singulares que merecen, por lo menos, nuestra aproximación respetuosa y humilde.

…detectar las injusticias y no ver para otro lado ni perdernos en quejas ni insultos estériles, y actuar como ciudadanos comprometidos.

 …vencer el temor y hacer un uso individual y colectivo del derecho a la libertad de expresión, que no consiste solamente en “libertad para decir lo que pensamos”, sino también la de involucrarnos y ser parte en la construcción de una sociedad más justa.

…sacar nuestra fe, quienes tengamos una, de los templos y traducirla en acciones que la demuestren.

Juan Carr dice en otro de los apartados del libro: “El mundo está propuesto, tanto en sistemas capitalistas con en los no capitalistas, para que exista una parte de la sociedad, una elite, que la pase bien, que vive una vida más o menos buena. Y otra parte de la sociedad que queda afuera del sistema. Es una estructura social que se va consolidando. La única manera de incluir a los excluidos es con una cultura de la solidaridad. Eso no se logra generando más riqueza ni creando nuevos modelos de asistencia o innovadores modelos sociales. Lo que puede cambiar esta situación profundamente es descubrir al otro, ir a buscarlo. Si el otro es invisible en este modelo, tengo que salirme de este lugar e ir a verlo hasta encontrarlo. Porque está oculto”.  

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