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ESPIRITUALIDAD Y COMUNICACIÓN



EyC desarrolla su ministerio a través del Centro de Recursos Espirituales y Culturales para una Educación Renovadora "Sergio Armando Zegarra Macedo", sito en Agrupamiento 28 de Agosto (200 Casas) F-102. Tacna - Perú. Cel. Bitel 925599811. Tlf. 052607385. Atención de lunes a viernes, de 8.00 a.m. a 5.00 p.m.

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ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

 

Lunes --- Leer con oración: Mt 1:20; 4:17; 16:18-19, 24-25; Ef 4:11-12

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Jn 12:25)  

NEGARSE A SÍ MISMO Y SER PERFECCIONADO

En el mensaje anterior vimos que el reino venidero estará bajo el gobierno del hombre. Para reinar, necesitamos cumplir dos requisitos hoy: renunciar a la vida del alma para que la vida divina crezca; y ser perfeccionados para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo.

Entrar en el reino venidero es un asunto de estar plenamente lleno de la vida de Dios (Mt 16:24). Si estamos llenos de la vida natural que heredamos de Adán, ¿cómo nos podrá ser añadida la vida de Dios? Dios nos puso en la iglesia para que nos vaciemos de nosotros mismos y para que más de Su vida nos sea añadida.

Cuando el Señor Jesús comenzó a predicar, anunció: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (4:17). De entre aquellos que Le seguían escogió a doce discípulos, a quienes llamó apóstoles (10:1-2). Apóstol significa aquel que es enviado. Él los envió para predicar que “el reino de los cielos se ha acercado” (v. 7).

Ahora el reino de los cielos está más cerca. ¡Arrepintámonos de vivir en nosotros mismos y preparémonos para su manifestación, pues hoy vivimos la realidad del reino de los cielos, la iglesia! En Mateo 16 vemos que la iglesia fue engendrada para que en ella, neguemos la vida del alma y así, la vida de Dios crezca en nosotros (vs. 24-25).

El Señor Jesús también reveló que la iglesia tiene las llaves del reino de los cielos: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (v. 19). Por tanto, las llaves que le fueron dadas a la iglesia tienen como propósito abrir las puertas del reino a las personas.

En el pasado nos enseñaron a guardar muchos aspectos de la iglesia, pero según la revelación que el Señor nos ha dado actualmente, la iglesia es el lugar donde podemos negar la vida del alma a fin de que la vida de Dios crezca. Es allí donde tenemos la oportunidad de servir, ejercitando los dones de manera que seamos perfeccionados (Ef 4:11-12). Si cumplimos estos dos aspectos podremos entrar en el reino.

El evangelio de Mateo no da énfasis a la iglesia, sino al reino. Dios quiere entregarnos el gobierno del reino de los cielos, y la iglesia es el lugar que Él nos preparó para que nos neguemos a nosotros mismos y seamos perfeccionados para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo. Si practicamos esto hoy, podremos entrar en el reino venidero. Por eso el Señor Jesús comenzó a predicar: “: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.

Punto Clave:

La práctica hoy tiene como objetivo el reino en el futuro.

Su punto clave es:

Pregunta:

¿Cuál es la principal función de la iglesia hoy según la revelación que hemos recibido?

 

ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

Semana 2 --- ¡Arrepentíos!

Martes --- Leer con oración: Mt 4:17; Ro 8:6-11

“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro 8:6)  

PONER TODO NUESTRO SER EN EL ESPÍRITU

En el Evangelio de Mateo 4:17 leemos: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. La palabra arrepentimiento, según el original griego, tiene el sentido de cambiar de mentalidad. Romanos 8 nos muestra que la mente es la parte que lidera el alma: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (vs. 5-6). Por tanto, “arrepentíos” significa que es necesario que haya un cambio de mentalidad. Pero ¿cómo logramos cambiar nuestra mentalidad? Poniéndola en el Espíritu. Al hacerlo, disfrutamos de vida y paz (v. 6).

Romanos 8:10-11 dice: “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. Esta porción nos hace percibir que el hombre tiene tres partes: el espíritu, el alma –cuya parte principal es la mente (vs. 5-6)– y el cuerpo (v. 11). Cada una de las tres partes del hombre tendrá vida, si tiene contacto con el Espíritu, y así será liberada de la muerte.

Antes sólo sabíamos poner nuestra mente en la carne. Pasábamos todo el día pensando en las cosas de la carne, y esto nos llevaba a la muerte. La mente necesita tener un cambio: debe tener contacto con el Espíritu. Únicamente así usted podrá tener vida y paz. ¡No ponga su mente en la carne, sino en el Espíritu!

Romanos 8 nos hace ver que las tres partes de nuestro ser –espíritu, alma y cuerpo– necesitan ser puestas en el Espíritu. Nuestro espíritu fue regenerado cuando, un día, tuvo contacto con este Espíritu; así fue salvo, recibió la vida (v. 10). La mente puesta en el Espíritu también obtiene vida y paz (v. 6). Por eso no pensamos en las cosas de la carne, sino que nos arrepentimos y ponemos nuestra mente en el Espíritu. Incluso nuestro cuerpo, destinado a la muerte, obtendrá vida silo ponemos en el Espíritu (v. 11). ¡Así Cristo Jesús vivificará todo nuestro ser por medio de Su Espíritu!

Punto Clave:

La mente puesta en el Espíritu es vida y paz.

Su punto clave es:

Pregunta:

¿Cómo experimenta la mente el arrepentimiento?

 

ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

Semana 2 --- ¡Arrepentíos!

Miércoles --- Leer con oración: Dt 3:25-26; 1 S 15:29; Mt 1:21; 3:2; Jn 3:14; Ro 8:3, 6

“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt 4:17)  

EL SIGNIFICADO DEL ARREPENTIMIENTO

¡Alabamos al Señor! Porque Él nos mostró el camino del arrepentimiento. En el Nuevo Testamento, Dios Le concedió a Sus hijos la oportunidad de entrar en el reino de los cielos mediante el arrepentimiento. Arrepentirse es algo que está vinculado con negar la vida del alma, pero aún necesitamos aprender el genuino significado del arrepentimiento.

En el Antiguo Testamento, Moisés, cuando ya tenía ciento veinte años, le suplicó al Señor para que lo dejara entrar en Canaán: “Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano. Pero Jehová se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo Jehová: Basta, no me hables más de este asunto” (Dt 3:25-26). Dios no lo atendió, y Moisés no pudo entrar en la tierra de Canaán porque permitió que su vida del alma se manifestara. Moisés se arrepintió, pero el Señor, al no poder ir en contra de Sí mismo, en contra de Su palabra (Nm 23:19; 1 S 15:29), no permitió que él entrara en Canaán.

Para reinar juntamente con el Señor en el mundo venidero, no podemos continuar viviendo por nosotros mismos. Por eso la era del Nuevo Testamento comienza con “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (cfr. Mt 3:2; 4:17). ¡Dios tuvo una especial misericordia de nosotros! Cuando nos arrepentimos, el Señor Jesús nos acepta y mantiene Su promesa con nosotros.

Jesús significa Jehová más salvación, o Jehová salva (Mt 1:21). Para salvarnos, Él fue concebido por el Espíritu Santo en María, y así, Dios se hizo carne. Sin embargo, puesto que fue concebido por el Espíritu Santo, Jesús sólo tenía la semejanza de carne de pecado, pero no el pecado (Ro 8:3). El capítulo 3 del Evangelio de Juan habla sobre la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto para salvar a los que la miraban (v. 14). Esta serpiente tenía la semejanza de una serpiente, pero no tenía su naturaleza ni su veneno. Igualmente, al ser crucificado, el Señor Jesús tenía sólo la semejanza del pecado, pero no tenía el “veneno”, el pecado. Por esa razón, Él era digno de morir y cumplir la redención por nosotros.

En el Antiguo Testamento, el patrón era la ley, según el cual el Señor no podía ir contra Su determinación. Pero el Señor Jesús en Su predicación anunció las buenas nuevas neotestamentarias, Su nuevo pacto, al decir: “Arrepentíos”.

En el Nuevo Testamento, Él, Dios mismo, fue a la cruz por nosotros. Por causa de Él, cuando nos arrepentimos y volvemos nuestra mente al Espíritu, disfrutamos vida y paz (Ro 8:6). De esta manera, estamos nuevamente aptos para reinar en el mundo venidero. ¡Aleluya!

Punto Clave:

El arrepentimiento nos restaura a la condición de reinar en el mundo venidero.

Su punto clave es:

Pregunta:

¿Por qué Dios no permitió que Moisés entrara en la buena tierra, aun después de haberse arrepentido?

 

ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

Semana 2 --- ¡Arrepentíos!

Jueves --- Leer con oración: Gn 3:6; Mt 2:13, 16, 20; Jn 16:8-11; Ro 2:4; 8:3, 5-6; 1 Ti 2:14; He 4:15

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P 3:9)

EL VERDADERO ARREPENTIMIENTO

El arrepentimiento mencionado desde el inicio del Nuevo Testamento revela la bondad y la misericordia de Dios que nos alcanzó (Ro 2:4), y establece una esfera de acción del Espíritu Santo en nosotros (Jn 16:8-11). Para que hoy podamos arrepentirnos, Dios vino en semejanza de carne de pecado (Ro 8:3). Él fue engendrado en María y desde su nacimiento fue rechazado, a tal punto de nacer en un pesebre, pues no había quien lo recibiera. También fue perseguido, cuando el rey Herodes mandó a matar a todos los bebés de Belén y sus alrededores con el objetivo de eliminar al niño Jesús (Mt 2:16). Él no pudo permanecer en Su tierra natal, por eso José huyó con Jesús y María a Egipto (v. 13). Posteriormente, instruido por Dios para volver a la tierra de Israel, José y su familia fueron a vivir a Nazaret, un lugar despreciado (vs. 20, 23).

Jesús vivió humildemente como el hijo de un carpintero. Durante aproximadamente treinta años experimentó la vida humana. Conoció el sufrimiento, la alegría, la tristeza, el amor, el odio y las dificultades del vivir humano. Por tanto, Él puede compadecerse de nuestras debilidades y conducirnos al arrepentimiento (He 4:15). Esto no formaba parte de la realidad del Antiguo Testamento. Moisés se arrepintió, pero el Señor no le permitió entrar en Canaán. Sin embargo, cuando Dios vino a la tierra como Jesús, Él pasó por la experiencia humana, por eso puede compadecerse de nosotros.

Otro ejemplo del patrón de la relación de Dios con el hombre puede ser visto en Adán. Dios le prohibió comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Es probable que Adán haya obedecido, pero “vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Gn 3:6). Adán sabía que moriría si comía del fruto de este árbol, pero aun así acabó yendo en contra de la orden de Dios e incurrió en transgresión por causa de su mujer (1 Ti 2:14). Dios, por otra parte, no podía ir en contra de Su palabra.

¡Aleluya! El Señor Jesús experimentó la vida humana. Hoy, si fallamos, podemos arrepentirnos, contristados por haber ofendido al Señor, y Él en Su misericordia, nos perdona. Por el arrepentimiento tenemos un cambio de mentalidad. Antes nuestra mente pensaba en las cosas de la carne, y el resultado era muerte; ahora la ponemos en el Espíritu, donde experimentamos vida y paz (Ro 8:5-6).

Muchos aún no aprecian la libertadora experiencia del arrepentimiento y lo tratan como algo común, sólo como un asunto bíblico. Se equivocan y después intentan arrepentirse, pero de manera superficial. Recordemos que el arrepentimiento es una gran gracia concedida por Dios, y no podemos usarla inadecuadamente. No es decir de la boca para afuera: “Señor, me arrepiento” y continuar en el error, en el pecado. Esto no nos ayudará a entrar en el reino. Nuestro arrepentimiento tiene que ser absoluto, completo. Dios requiere de nosotros un verdadero arrepentimiento.

Punto Clave:

Apreciar la libertadora experiencia del verdadero arrepentimiento.

Su punto clave es:

Pregunta:

¿Por qué el arrepentimiento superficial no nos ayudará para entrar en el reino?

 

ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

Semana 2 --- ¡Arrepentíos!

Viernes --- Leer con oración: 1 Co 5:1-6; 2 Co 2:13; 7:5-7, 13

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Co 7:10)

EL ARREPENTIMIENTO DE PABLO Y SU CUIDADO PARA CON LA IGLESIA EN CORINTO

La Biblia muestra que, de hecho, Pablo aprendió lo que es el arrepentimiento. En su tercer viaje, estando en Éfeso, supo que en la iglesia en Corinto había un hermano que había cometido fornicación (1 Co 5:1). Apenas recibió la noticia, Pablo reaccionó duramente: “Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (vs. 3-5). Después le pidió a Tito que entregara esa carta.

Desde que el mensaje salió, Pablo perdió la paz. Esperaba ansiosamente la noticia de cómo la iglesia en Corinto reaccionaría al recibir su carta. Aprensivo en su corazón y muy triste en su espíritu por haber escrito algo movido por el alma, Pablo se desesperó, quería saber por qué Tito aún no había llegado. Para saber luego la respuesta, decidió ir para encontrarse con su colaborador. Al llegar a Troas, no lo encontró, entonces, se dirigió en barco a Macedonia (2 Co 2:12-13).

Pablo era un siervo de Dios y temía haber tomado una posición errónea. Después de llegar a Macedonia, se encontró con Tito y se alegró mucho al saber que los hermanos en Corinto se habían arrepentido (7:6-7, 13). Los ancianos de la iglesia en Corinto no habían tratado adecuadamente el problema, por eso recibieron la reprensión de Pablo (1 Co 5:6). Los ancianos, los hermanos responsables, reconocieron su error, y eso produjo arrepentimiento en ellos. Tuvieron comunión con el hermano que pecó, y él también se arrepintió (2 Co 7:5-7).

Cuando los corintios recibieron la carta del apóstol, vieron cómo él se preocupaba por la iglesia. Los hermanos responsables se quedaron muy conmovidos, y Pablo fue confortado no sólo por la llegada de Tito, sino también por el consuelo que Tito recibió de ellos: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aun más” (vs. 6-7). Los ancianos reaccionaron bien con la carta, se arrepintieron y trataron el problema. Además, percibieron cuánto el apóstol los cuidaba y se quedaron muy conmovidos, pues Pablo los amaba y se preocupaba por ellos.

Punto Clave:

Pablo se arrepintió, los ancianos se arrepintieron y el hermano que pecó también se arrepintió.

Su punto clave es:

Pregunta:

¿Por qué Pablo se preocupó por la tardanza de Tito?

 

ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

Semana 2 --- ¡Arrepentíos!

Sábado --- Leer con oración: 2 Co 7:7-11; Gá 6:1

“Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte” (2 Co 7:9)

EL ARREPENTIMIENTO SEGÚN DIOS

Pablo recibió consolación de parte de los hermanos en Corinto por medio de Tito (2 Co 7:7), pues aquella iglesia apreciaba al apóstol. Entre ellos había un sentir de afecto entrañable, celo y vindicación. Pablo se preocupaba por ellos: “Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó” (v. 8). Cuando Pablo escribió esta carta, se quedó preocupado por la reacción de la iglesia. Es posible que él no haya reaccionado según el Espíritu y movido por su celo natural, pensara: “¿Cómo no trataron esto con una persona pecadora como esta? Por lo visto, yo voy a tener que solucionar esto”. Aunque haya exagerado al tratar con la situación, se arrepintió. Finalmente, los ancianos también se arrepintieron.

Con relación al hermano que pecó, el versículo 9 dice: “Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte”. Esta fue la experiencia de Pablo y de los hermanos responsables de la iglesia en Corinto. Un arrepentimiento como éste trajo confortación y unió a los hermanos: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto” (vs. 10-11).

El arrepentimiento no puede ser de cualquier manera, como: “Señor, me arrepiento”, y listo. Es necesario que pasemos por esa fuerte experiencia interior de pesar, de constreñimiento, de sentirnos triste por haber pecado y ofendido al Señor, e indignos del perdón de Dios: “¿Por qué hice esto? Tantos años con el Señor... ¿Por qué hice esto?”. Necesitamos ser iluminados para ver dónde nos equivocamos y reconocer cuando no actuamos correctamente. No es sólo decir de manera liviana: “Señor, me arrepiento”. Pablo ciertamente se dijo a sí mismo: “¿Por qué no tomé esta decisión después de orar mucho? ¿Por qué reaccioné así, según mi alma? ¿Por qué traté de este modo el problema?” (Gá 6:1). Aprendamos esta lección: ¡Nuestro arrepentimiento necesita ser genuino y cabal!.

Punto Clave:

Arrepentimiento genuino y cabal.

Su punto clave es:

Pregunta:

¿Cuándo el arrepentimiento es según Dios?

 

ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO

Semana 2 --- ¡Arrepentíos!

Domingo --- Leer con oración: Ro 8:6; 12:2; 2 Co 7:12-13

“Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto” (2 Co 7:11)

EL RESULTADO DE UN ARREPENTIMIENTO GENUINO

Nuestra mente necesita experimentar un cambio, ser renovada (Ro 12:2). Debemos ponerla en el espíritu para tener comodidad, vida y paz. Cuando esto sucede, el arrepentimiento se vuelve una experiencia real, y somos aceptados por Dios. No diga apenas: “Señor, me arrepiento”, sino busque la luz para ver su error, para arrepentirse completamente.

Si usted no busca reflexionar sobre su error, volverá a cometerlo. La situación que ocurrió entre los hermanos de la iglesia en Corinto produjo al final, el arrepentimiento de los ancianos e incluso de la persona que cometió el agravio. Todos se arrepintieron. Pablo mismo, que actuó de modo precipitado, en su alma, tal vez pensó que, como apóstol, podía tratar el asunto de aquella manera. Después que hizo eso, percibió que no había orado lo suficiente para actuar en el espíritu, por eso no tuvo paz. Cuando tratamos los problemas en la iglesia, no podemos hacerlo de cualquier manera. Por haber actuado de aquella manera, Pablo no tuvo tranquiidad. Pero ¡Aleluya! Tito le trajo buenas noticias: el arrepentimiento de la iglesia.

Los ancianos y también aquel que cometió el mal se arrepintieron. Nuestro arrepentimiento necesita siempre ser completo. El Señor atiende este tipo de arrepentimiento, perdona y oye la oración. Finalmente, Dios mismo nos viene a confortar.

La lección del arrepentimiento de la iglesia en Corinto muestra que necesitamos arrepentirnos, para que nuestra mente cambie. No ponga la mente en la carne, porque el resultado será muerte, sino en el Espíritu, donde obtendremos vida y paz (Ro 8:6). ¿Qué es lo que usted siente cuando se arrepiente? ¿Alegría o tristeza? ¿Comodidad o incomodidad? ¿Paz o condenación? Al arrepentirnos, debemos hacerlo de manera absoluta. De lo contrario, volveremos a cometer el mismo error. Arrepintiéndonos cabalmente, tratamos de hecho, con el asunto.

Por causa del consuelo que recibió con la noticia del arrepentimiento de los hermanos de Corinto, Pablo les escribió: “Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios. Por esto hemos sido consolados en vuestra consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros” (2 Co 7:12-13). Esta atmosfera de arrepentimiento y consuelo nos trae una gran ayuda en el crecimiento espiritual, nos afirma y nos da la convicción de dónde y con quién estamos.

Otra lección importante de la relación entre Pablo y los ancianos de la iglesia en Corinto es que debe haber este sentir de mutua preocupación entre los hermanos responsables de la iglesia y los apóstoles. Cuando los colaboradores levantan una iglesia, necesitan preocuparse por ella y cuidar adecuadamente a los hermanos.

En el pasado, por cierto tiempo, dejamos de visitar a los hermanos de Portugal. Por esa razón, después de dos años, un hermano de allá vino y nos dijo: “Hermano Dong, ustedes no pueden engendrarnos y abandonarnos”. Quedé muy conmovido con sus palabras. Entonces le dije a uno de mis colaboradores: “Necesitamos visitarlos nuevamente”. Por eso la relación entre los apóstoles y los ancianos tiene que ser íntima. ¡Alabado sea el Señor!

Punto Clave:

Buscar la luz para ver los errores y arrepentirse completamente.

Su punto clave es:

Pregunta:

¿Qué lecciones aprendió usted en esta semana?

 Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos
Ningún verdadero siervo del Señor debe permitir que sus pensamientos y emociones actúen independientemente. Cuando su hombre interior requiera liberación, el hombre exterior deberá proporcionarle un canal por el cual el espíritu pueda salir y llegar a otros. Si no hemos aprendido esta lección, nuestra efectividad en la obra del Señor será muy limitada.
“Señor, por el bien de la iglesia, por el avance del evangelio, para que Tu tengas libertad de actuar y para que yo mismo pueda avanzar espiritualmente, me entrego a Ti total e incondicionalmente. Señor, con gusto y humildemente me pongo en Tus manos. Estoy dispuesto a que te expreses libremente por medio de mí”.
“Señor, doblega a la iglesia para que salves al mundo” Evan Roberts
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